Influencia de los inmigrantes

Patrimonio

Chipa so'o

La comida es el patrimonio vital del ser humano, es vital, pues esta relacionado con la subsistencia y sobrevivencia o con la perdida de la vitalidad y el exterminio del ser humano.

Para valorar las comidas denominadas típicas o tradicionales es necesario conocer que en cada lugar o región o ecosistema se producen los alimentos que los seres vivos que lo habitan necesitan para vivir, si bien en los últimos siglos se ha globalizado el consumo de varios alimentos y se han adaptado especies originarias de una región a otra similar como el caso de la papa, el zapallo, el tomate, el locote, el café, el cacao, el maíz, todos estos de origen americano o en nuestro continente se aclimataron el mango, el trigo, la vid, algunas especies de citrus, la avena por citar algunas, pero siempre tienen un mayor componente nutricional los que se producen en el ecosistema originario o adaptado y en especial en la estación del año que le corresponde.

Nada mejor que en el marco del Bicentenario reflexionemos sobre un tema tan vital como lo es el de la alimentación instalando los principios de seguridad alimentaria y soberanía alimentaria.

 

Desvalorizacion

Planta de Maíz

La respuesta es la siguiente: falta de autoestima cultural y falta de información sobre los valores de una buena nutrición.

Las consecuencias que trae esta desinformación son numerosas y muy perjudiciales en la mayoría de los casos como:

  • Perdida del consumo de alimentos de alto contenido nutricional y de fácil acceso.
  • Disminución de recursos productivos y por ende pérdida del autoconsumo para los campesinos.
  • Perdida de especies alimentarias autóctonas.
  • Perdida de principios ancestrales de prácticas alimentarias positivas.
  • Mayor gasto en compra de alimentos industrializados y de escaso valor nutricional.
  • Desnutrición en un alto indice de la población, generando generaciones con cretinismo, bajas defensas y alta vulnerabilidad ante múltiples enfermedades dejando secuelas irreversibles en las personas.
  • Alto gasto del gobierno en salud pública.
  • Perdida del sentido comunitario en la elaboración de los alimentos, etc, etc.

Algunos dirán que nuestras comidas típicas son muy grasientas o llevan muchos huevos, o que en verano no se puede comer un locro aku o que el almidón es pesado y engorda, o produce diabetes, pero por experiencia les digo que se pueden preparar nuestras comidas sin perder el sabor ni la textura y que sean menos dañinas al cuerpo o se deja reposar un rato el locro hasta que se enfríe algo o se pueden preparar nuevos y sabrosos platos con los elementos disponibles, como ejemplo les comento que llegue a preparar pizza de mandioca en paila y sobre carbón o leña en escuelas rurales y salieron súper sabrosas, digestivas, saludables y económicas.

En la cultura culinaria existe una alto componente de creatividad por eso también se la denomina arte culinario.

En otros países se sirven las comidas típicas o tradicionales en los diversos estratos sociales, incluyendo las élites y los hoteles de cinco estrellas, con toda la elegancia y las fuentes o recipientes originarios, esta acción o visibilización genera en distintos niveles innumerables fuentes de trabajo.

La producción de alimentos contempla otros valores además de los nutricionales como el valor social, económico, cultural, político, por todo esto hoy se habla de soberanía alimentaria.

Ante esta situación nos corresponde en este momento reivindicar nuestras comidas típicas antes que el olvido siga matando lo poco que nos queda, y antes que esto ocurra necesitamos revalorizarla, reivindicarla, jerarquizarla y sobre todo amarla, esta tarea es larga y debemos ser muchos los legio=arios que asumamos el compromiso de trabajar por la causa común.

Margarita Miró Ibars

 

Historia de los utensilios

Sopa

“La madera de los árboles, las fibras vegetales, las calabazas, los huesos, las pieles, las plumas, las resinas de los árboles, fibras vegetales, huesos de animales, elementos con los cuales fabricaban una gran variedad de utensilios de uso culinario”*.

De las fibras de los vegetales hacían cestas, cedazo, filtros para la harina de maíz o mandioca. De los huesos de animales, especialmente de los pescados fabricaban los cuchillos y los tenedores.

Con corteza fabricaban unos recipientes de diferente forma: cilíndricos, con tapa, etc. Se usaban para transportar las cosechas desde el campo y para guardar adornos, ropa. De calabaza, con la cáscara seca, fabricaban platos, botellones.

Estos materiales de fabricación fueron variando con los descubrimientos de otros componentes como el barro y el hierro.

De barro cocido era la olla o japepo, el cántaro o kambuchi, la fuente o lebrillo, ua’e; la taza ña’e apu’a; el tostador ña’epyu entre otros.

Los cubiertos eran generalmente de alpaca, si bien habia lugares donde hacìan las cucharas, tenedores y vasos de los cuernos vacunos, también los confeccionaban  de madera, entre ellas, la tradicional patulá , cuchara chata y larga para remover los alimentos “espátula”.

La utilización de ollas y pavas de hierro, cuya difusión es mayor en la época de Carlos A. López, mediante la disponibilidad producida por la fundición de hierro de La Rosada de Ybycui.

Varios de estos utensillos especialmente los de barro e hierro se siguen utilizando hasta nuestros días.

Fuente
*Libro KARU REKO de Maragarita Miró Ibairs. Asunción, Paraguay.